Psicología del fraude: De quien menos lo esperabas

Imagen: Elisa Riva en Pixabay

En general, cuando pensamos en el mal comportamiento, pensamos que está ligado al carácter: las personas malas hacen cosas malas. Pero ese modelo, es profundamente inadecuado.

Investigadores en psicología y economía, afirman que si se quiere entender el comportamiento poco ético -y cómo ese comportamiento se extiende a grandes grupos de personas – es necesario entender mejor cómo la mente de las personas procesa cognitivamente las decisiones éticas a las que se enfrentan.

Tomemos un ejemplo: El dueño de una empresa, al ver que tendrá que cerrar si no obtiene un financiamiento, miente en cuanto a sus ingresos para obtener el préstamo. Hablamos de alguien que nunca ha cometido un fraude, ni es su objetivo perjudicar a nadie: está seguro de que su empresa se levantará, así que hace lo necesario para que la empresa siga.

«Ética acotada»: Es la noción de que, cognitivamente, nuestra capacidad para comportarnos de forma ética está muy limitada. La forma en que se presenta una decisión cambia mucho la forma en que vemos esa decisión y, finalmente, la decisión a la que llegamos. (Tenbrunsel & Messick, 2004). Ciertos marcos cognitivos nos hacen perder de vista el hecho de que nos enfrentamos a un problema ético.

Tenbrunsel & Smith-Crowe (2008) realizaron un experimento que ilustra el problema. Reunieron dos grupos de personas y le dijeron a uno que pensara en una decisión empresarial. Al otro grupo se le pidió que pensara en una decisión ética. Los que tenían que pensar en una decisión empresarial generaron una lista de cotejo mental; los que tenían que pensar en una decisión ética generaron una lista de cotejo mental diferente.

Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay

A continuación, se les presentó la oportunidad de hacer algo ilícito para resolver la decisión a su favor. Los que estaban preparados cognitivamente para pensar en los negocios se comportaron de forma radicalmente distinta a los que no lo estaban, independientemente de quiénes fueran o de cuál hubiera sido su educación moral.

El marco empresarial activa cognitivamente un conjunto de objetivos: ser competente, tener éxito; el marco ético activa otros objetivos: ser justo y no perjudicar a los demás. Y una vez que se está en el marco de los negocios, por ejemplo, uno se concentra realmente en cumplir esos objetivos, y otros objetivos pueden desaparecer por completo de nuestro radar.

Si estás pensando en una decisión comercial, es mucho más probable que mientas que si piensas desde un marco ético. Esto implica que la gente puede ser realmente inconsciente de que está tomando una decisión profundamente antiética. No es que sean “malos”, es que no lo ven. Y si queremos atacar el fraude, tenemos que entender que gran parte del fraude es involuntario.

¿Pero qué pasa cuando varios se van involucrando en estas decisiones? A menudo para lograr estos fraudes, los responsables necesitan de otras personas al interior y fuera de su organización. Curiosamente, en muchas ocasiones basta con que lo enmarquen como una decisión necesaria para sacar adelante la empresa. De Cremer (et al., 2010), nos da esta explicación: Los seres humanos cometen fraudes porque los seres humanos buscan apoyarse. Nos gusta ayudarnos unos a otros, especialmente a las personas con las que nos identificamos. Y cuando ayudamos a la gente, realmente no vemos que lo que estamos haciendo no es ético.

Originalmente, los empleados a cargo de verificar los niveles de contaminantes en vehículos particulares en Washington, D.C., tenían la opción de registrar y alterar a mano los resultados. Gino y Pierce (2010), analizaron cientos de miles de registros y encontraron que entre un 20 y 50% de los autos que deberían haber sido rechazados, pasaron la prueba. Un porcentaje seguro tendría que ver con soborno, pero también encontraron un comportamiento empático muy interesante.

Imagen de Ben Kerckx en Pixabay

Si llegas en un coche de lujo -por ejemplo, un BMW o un Ferrari- y tu coche contamina el aire, es probable que te rechacen. Pero si te presentas en un Honda Civic, tienes muchas más posibilidades de aprobar. ¿Por qué? Los examinadores de emisiones -que ganan un modesto sueldo- ven un Civic y se identifican; sienten empatía. Esencialmente, Gino y Pierce argumentan que estos evaluadores cometen fraude no porque sean codiciosos, sino porque son amables.

El costo es abstracto: el medio ambiente global. Literalmente, se les pide que pongan en la balanza el costo para el medio ambiente global, frente a los beneficios de pasar por encima de alguien que está ahí mismo y que necesita ayuda. No estamos diseñados cognitivamente para anteponer fácilmente algo abstracto e impersonal, contra la necesidad concreta y directa de un ser humano.

Nuestros lugares de trabajo y reglamentos están mal organizados. No están diseñados para tener en cuenta los seres humanos cognitivamente defectuosos que somos. No intentan estructurar las cosas en torno a nuestras debilidades.

Por ejemplo, sabemos que los auditores desarrollan relaciones con los clientes tras años de trabajo conjunto, y sabemos que esas relaciones pueden corromper sus auditorías sin que ellos se den cuenta. Así que hay una propuesta para obligar a las empresas a cambiar de auditor cada dos años para solucionar ese problema.

Otros proponen colocar una frase al principio de cada contrato comercial, que diga explícitamente que mentir en este contrato no es ético ni legal, porque ese tipo de declaración haría que la gente entrara en el marco cognitivo adecuado.

En suma, si no damos los elementos cognitivos, y el marco referencial adecuado, para que la ética sea tomada en cuenta desde el inicio, otras prioridades pueden llevarnos a cometer acciones ilegales que jamás hubiéramos pensado de nosotros mismos.

Referencias:

De Cremer, D., Tenbrunsel, A., & van Dijke, M. (2010). Regulating Ethical Failures: Insights from Psychology. Journal Of Business Ethics, 95(S1), 1-6. https://doi.org/10.1007/s10551-011-0789-x

Gino, F., & Pierce, L. (2010). Robin Hood Under the Hood: Wealth-Based Discrimination in Illicit Customer Help. Organization Science, 21(6), 1176-1194. https://doi.org/10.1287/orsc.1090.0498

Tenbrunsel, A., & Messick, D. (2004). Ethical Fading: The Role of Self-Deception in Unethical Behavior. Social Justice Research, 17(2), 223-236. https://doi.org/10.1023/b:sore.0000027411.35832.53

Tenbrunsel, A., & Smith-Crowe, K. (2008). Ethical Decision Making: Where We’ve Been and Where We’re Going. The Academy of Management Annals. 2. 545-607. https://doi.org/10.1080/19416520802211677

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